El pasado sábado 4 de abril fallecía mi abuelo Antonino, quien ha protagonizado este blog durante muchas entradas.
Dejé de publicarlas cuando él dejó de escribir, esperando encontrar tiempo más adelante para recopilar otros textos e ir subiéndolos para que los disfrutarais.
Pero la velocidad de la vida me atropelló y no ha sido hasta hoy, unos días después de su muerte, que quiero homenajearle con una nueva entrada y, si la velocidad de la vida me lo permite, retomar la publicación de sus escritos.
Hoy os traigo el texto que abre uno de los cuadernos que nos dejó y que, escrito el 19 de noviembre de 2017, aunque no tiene título, ha llamado mi atención por su primera palabra: Nacemos.
En este texto mi abuelo da su visión sobre el transcurrir de la vida y la importancia de las lágrimas que derramamos.
Aquí os lo dejo, tanto en fotografía como transcrito.
Nacemos y ya estamos esperando. A qué
esperamos, ni lo sabemos, esperando que
nuestra madre nos amamante,
que nuestro maestro nos espere en su clase,
deseando hacernos mayores. Así la vida va
corriendo y el reloj de nuestra torre sigue
marcando las horas, sin que nadie las detenga.
Nuestro cabello se va volviendo blanco como la nieve de nuestro altos
pero se va derritiendo, yendo a parar a los ríos que discurren allá abajo,
para regar nuestros campos.
Y así es nuestra vida, que la frente nos señala
y los párpados de nuestros ojos,
que miraban sonrientes, se vuelven tristes y llorosos,
al percatarse que la vida se nos escapa,
aunque las agujas del reloj se paren.
Cuando siento una pena hay algo
dentro de mí que me dice muy bajito:
«Ten paciencia y valor, y contengas esas lágrimas
que están a punto de salir.
No derrames esas lágrimas que tienen mucho valor
porque son igualitas que cuando pierdas un amor.
Y piensa en tu madre,
que también sintió el dolor,
cuando a ti te parió».
Espero que os haya gustado y que, si no conocíais sus escritos, echéis un vistazo al resto de entradas que a día de hoy tengo publicadas.
Gracias, abuelo, por habernos dejado esta herencia, sabia e imborrable.
Descansa en paz.
Gracias, abuelo, por habernos dejado esta herencia, sabia e imborrable.
Descansa en paz.
