viernes, 7 de septiembre de 2018

La cruz


Hola a todos y bienvenidos a una nueva entrada de los escritos de mi abuelo.

En esta ocasión Antonino quiere rendir de nuevo homenaje a sus padres, cuyas tumbas visitó este verano como ya os conté hace unas entradas.
La emoción, los recuerdos y los sentimientos que le produjo la visita quedan plasmados en el siguiente escrito, titulado «La Cruz», en el que su madre es la protagonista.


«La Cruz.
Sin hablar. Cuántas
cosas me ha dicho esa
cruz, que entre hojarasca
que ya seca por el tiempo
y los años, ha llegado
a mi corazón. Y a pasos
de esta Cruz, se encuentra
la tumba donde reposan
los restos de mi madre,
María de los Santos, y
hermana (Venancia).
Mi madre fue una gran
mujer, fue capaz durante
 60 años de dar amor y
cariño a un esposo y
cuidar y educar a sus
muchos hijos, sin pedir
nada para ella, solo
amor y comprensión.
Hoy he visitado el
santo Campo Santo,
donde están tantas almas
rezando calladas por
nosotros, para que
sepamos lo mucho
que nos quisieron.
Recemos por ellos para
que descansen en paz.
Seguro que lo harán
porque sabrán perdonarnos
si cometimos actos
en contra su voluntad.
Descansen en Paz.
14-17-18
A. Marchena»

domingo, 2 de septiembre de 2018

Las flores de mi jardín


Feliz domingo a todos y bienvenidos a un nuevo escrito de mi abuelo. 
Hoy os traigo su visión de la vida, para la que utiliza la metáfora de ésta como un barco. En el barco que ha llevado la vida de mi abuelo mi abuela fue una figura muy importante, tal y como señala en su poema.

A continuación os dejo la foto de su trabajo y la transcripción. Como siempre, espero que os guste y recordad que le haré llegar todos los comentarios que dejéis:


«Las flores de mi jardín
ya se me están secando.
Los pulsos de mis muñecas
ya no marcan los latidos que
remite mi corazón.
Las sienes de mi cabeza se están
tiñendo de blanco. Los labios ya
no están rojos. Se están poniendo
morados. La guadaña de la
muerte a mi cabeza se está
acercando. No te acerques a mí
porque no te tengo miedo.
Porque me enseñaron de niño
que el nacer es empezar a morir.
Para saber vivir hay que saber
morir. Respeta a tus semejantes,
especialmente a tu esposa, que
es la base de la vida, y el
timón de nuestra vida.
Si falta, el barco de nuestra
vida navegará sin rumbo.
Donde los aires de la vida
nos llevarán por rumbos
desconocidos, ella será el faro
que alumbrará nuestro camino,
y te atracará en el puerto
más seguro de todas las costas
de este mundo. Y quedará 
amarrado hasta el fin de 
nuestra vida. Trátala como al
mejor capitán que sepa
navegar nuestra vida.
Agosto 3-8-18
A. Marchena»