jueves, 31 de mayo de 2018

Segovia


Hola a todos y bienvenidos a una nueva entrada donde recopilo los escritos de mi abuelo.

En esta ocasión escribe a Segovia, ciudad y tierra que conoce muy bien ya que durante mucho tiempo vivió en Villacastín con mi abuela, naciendo y creciendo allí mi madre y mis tíos.

Espero que disfrutéis de la lectura y os animo a dejar vuestros comentarios. Como siempre, os dejo a continuación las fotos del escrito y su transcripción.



SEGOVIA

«Es un pueblo enclavado entre
llanuras, donde el diablo
hizo un puente llamado el
acueducto para que una
segoviana no llevara el agua
a su casa encima de su cabeza.
Por eso, si le diera su amor le
haría en una noche un canal
que llevara el agua por
encima. Y como se dijera que
llevara el vino por debajo.
Qué bonitos son los arcos por
donde pasean los novios camino
de La Lastrilla, que es un pueblo
muy cerquita de Segovia.
Cuántas veces pasé agarrado
de la mano, bajo esos arcos
romanos, como hicieron Isabel
la Católica con su amor Fernando
de Aragón, que tenían su nido
en el bonito Alcázar.
Cuántos recuerdos me trae ese
río Eresma, que tantas veces
pisé sus aguas doradas y fumaba
mis primeros cigarrillos bajo
los sauces llorones que surcaban
sus orillas. Mucho me acuerdo
también del pueblo de Zamarramala, 
que está muy cerca del
santuario de la virgen de la Fuencisla, y desde aquí
la mando un beso y una oración.
Y cuando siento morriña
me subo al acueducto
y canto, a ver cómo
corre el agua.

A Segovia,
con cariño.
24-V-18
A. Marchena»

domingo, 6 de mayo de 2018

Madre


Hola a todos y bienvenidos a una nueva entrada de los escritos de mi abuelo.

En esta ocasión, y con motivo del Día de la Madre, mi abuelo ha querido que publique un escrito dedicado a las madres.

Como siempre, espero que os guste y a continuación os dejo el documento y su transcripción.


«A una madre.
Canta si una pena
te amarga.
Llora si tus ojos
se llenan
de lágrimas.
No estés triste
vida mía,
que los ecos de tu voz
están llegando
a mi alma.
Cuando yo estaba
en la cuna,
tú me cantabas
una nana
que salía del alma
de una madre,
que de rodillas
rezaba.
No llores más
madre mía
que tú me trajiste
al mundo,
con el dolor
más bonito.
Por eso quiero
quererte
y adorarte
mientras VIVA.
15-4
A. Marchena»